
Cuando se es apenas un niño, todo se vuelve inmenso, imponente, asombroso. Las emociones nacen de la develación de un mundo que siempre ha estado allí pero que siempre, también, se muestra como nuevo, y con una belleza tal que nunca deja de conmoverle. Conforme pasan los años perdemos la capacidad de admirarnos; todo se vuelve rutinario, simple, sin-sentido, nos llenamos de temores, de decepciones, nos llenamos de expectativas, de sueños de riquezas, de precauciones. Habrá que contemplar al mundo como cuando éramos apenas unos niños, sólo así, quizá, la realidad no sea tan dura.